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La importancia del debate presidencial

A97O8AvCcAENUBL.jpg largeUna mala elección política da nacimiento a pésimos gobiernos. Los debates son claves para que los 11’558.237 de electores ecuatorianos (5’763.812 hombres y 5’794.425 mujeres) habilitados para sufragar en febrero de 2013, se decidan entre Guillermo Lasso (CREO), Álvaro Noboa (Prian), Nelson Zavala (PRE), Lucio Gutiérrez (Sociedad Patriótica), Mauricio Rodas (Suma) y Norman Wray (Ruptura), Rafael Correa (PAIS), y Alberto Acosta (Izquierdas).

No evaluar el pasado de un partido y de quienes lo encabezan, equivale a una regresión política. La propuesta de la Cámara de Comercio de Guayaquil será una prueba para los candidatos, sus partidos, las plataformas políticas y sus habilidades personales.

¿Decidirá el debate el rumbo de la elección presidencial? Posiblemente. El ejercicio del enfrentamiento verbal y mental, además del manejo del lenguaje y del escenario son elementos claves cuando se acercan elecciones. Pero ¿a quién necesitamos? Seguramente a alguien dinámico, carismático, que muestre honestidad, buen humor y recalque sus virtudes antagónicas antes que las individuales marcadas por el egocentrismo.

Hoy, quienes no confían en la prensa y la pugna con el oficialismo, podrán determinar personalmente (mediante la transmisión televisiva) las tendencias de los planes de trabajo e ideologías de cada candidato y los conceptos de democracia, pues la tarima ya empieza a cansar cuando el discurso es conceptual y se manipula la realidad.

Los temas que abordarán los candidatos tienen relación con sus modelos de desarrollo, libertades, inversión interna y externa, régimen tributario, seguridad jurídica, acuerdos comerciales, seguridad ciudadana y lucha contra la pobreza.

Si quieren ganar hablando ante la coherencia de sus propuestas, primero: Guillermo Lasso deberá cambiar el discurso de la doctrinaria liberal que parece completamente fingida; Rodas tendrá que  eliminar la falsa modestia que insiste abusivamente en mostrarse como un ejemplo de político y ser humano; la billetera y demagogia de Álvaro Noboa ojalá se quedara en casa y consigo su convencimiento de superioridad; Lucio Gutiérrez deberá dejar de hablar solo de los rumores más sinvergüenzas sobre miembros del actual régimen y tratar de remediar su evidente fracaso cuando fue presidente; Nelson Zavala tendrá que demostrar que no solo “es un hombre de Dios”, sino que está comprometido a eliminar esa imagen perversa que caracteriza al partido que representa y finalmente Norman Wray, deberá cambiar esa imagen del típico aspirante a candidato decidido romper todas las convenciones que, en algún momento, rigieron tácitamente nuestras elecciones y que él formó parte.

En otros países (no en Ecuador) la comparecencia de quien aspira ser el jefe de Gobierno ante la oposición y la ciudadanía, para discutir los asuntos del Estado y su propia actuación, es algo habitual. Resulta reprochable que Alberto Acosta y Rafael Correa no hayan aceptado asistir al debate. El uno porque “choca con su agenda”, sin embargo (dice) “cree en el diálogo e intercambio de ideas”,  y el otro “porque todavía no empieza la campaña”, la está finalizando (digo).

Las exigencias de una sociedad cada vez más crítica, y con mayores elementos para juzgar, podrían ser determinantes para forzar una apertura política más deseable. Lo malo es que se trata de una elección incómoda, casi deprimente.

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