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En el machismo la excepción es quien tiene la regla

Nuestra Constitución señala que la persona humana es el fin supremo del Estado. Falso. El centro de legislación actual, es el del hombre de ciudad, todos los demás son considerados dentro de la ley como adhesión al sujeto que es su centro. Quizás desde ahí empieza el problema.

Cuando las nuevas leyes hablan de inclusión entonces estamos considerando que hay un grupo de personas que son el centro y en ese círculo no siempre está incluido, el rol de la mujer. Eso es machismo, una realidad histórica por la cual la mujer ha sido discriminada y privada de sus derechos fundamentales. Y esto no es una opinión sino un hecho.

Una perspectiva de género es indispensable en gestiones públicas, pero a la vez puede utilizarse como argumento para esconder verdades a medias sin garantizar una verdadera equidad.

‘El resurgimiento del feminismo’ como se quiere interpretar a las acciones que últimamente han sido consideradas hasta como un fenómeno, se dirige específicamente a esas presunciones que tiene la sociedad ecuatoriana, de que las víctimas de la violencia masculina tienen la culpa.

No existe una sociedad ‘machista’ sin complicidad de la mujer, y esto trata de agrupar razones sociales, culturales y psicológicas del lugar en donde vivimos. Pero, ¿Cómo medir el machismo del Ecuador si consideramos que es un mérito que las mujeres lo aguanten?

Las mujeres ecuatorianas que son afectadas por la violencia masculina, siguen sin acudir mayoritariamente a las autoridades para denunciar a su agresor. Ellas, son las que repiten el mismo modelo materno del que quisieron diferenciarse en la formación de sus hijas/os, incluso, inculcan la educación familiar en ellos, confundiendo el hecho de enseñar a cuidarse y quererse, con ser egoísta.

‘Yo no soy machista’, ya lo he oído antes. La ropa no se limpia, plancha y dobla sola; los platos no se acomodan ni se quedan limpios después de comer, entonces, machistas ustedes y machistas sus mujeres, pues todos deben repartirse las obligaciones de manera igualitaria sin importar quién es el que aporta económicamente en el hogar, porque eso, no representa una garantía de respeto.

Las ‘mujeres machistas’, se comportan de la misma manera con cualquier hombre. Por ejemplo, dejan de salir con sus amigas/os porque su pareja no tiene una buena relación con ellos/as; aceptan tratarse de ‘loca’ (entre otras cosas) y no saben si poner límites a las conductas masculinas que le desagradan.

Por otro lado, una mujer independiente y su forma de actuar, no siempre tiene el bienestar a su favor porque cuando deciden formar una pareja, indirectamente llegan a otorgarle el poder al hombre. Una conducta machista, genera sometimiento al mismo tiempo en la mujer.

La cultura feminista del Ecuador, es manejada por líderes universitarias, madres solteras o maltratadas que tuvieron que someterse a ciertas situaciones para querer buscar el cambio, más no por instituciones gubernamentales que verdaderamente propongan la erradicación del maltrato a la mujer, como norma principal en los derechos humanos.

El cambio no está basado en leyes o en tratados internacionales y falsas campañas, el cambio (aunque suene repetitivo) está en la cultura y mentalidad.

El apoyo legislativo mediante políticas públicas, debe ser tomado en cuenta mediante planes educativos para precisar en los discursos que tanto estamos acostumbrados a oír, que la mujer es el paradigma epistemológico. Por ende, debe ser el centro de las leyes, de los estudios, de los análisis y de las interpretaciones.

Finalmente, saber que tenemos derechos, ha sido una de las formas más eficaces de combatir el sexismo. No reivindico ninguna subalternidad, tampoco creo en la construcción de sujetos aislados, pero si espero que el progreso sea conjunto y democrático.

Tenemos derecho de ser iguales cuando la diferencia nos inferioriza, tenemos el derecho de ser diferentes cuando la igualdad nos descaracteriza.

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  1. 15 octubre 2011 en 8:00 PM

    Monita, yo pense que no se conocía mucho el término “Mujer machista” y concuerdo completamente con lo que tu dices al respecto. Pienso que una gran parte del problema se basa en la forma de pensar y actuar del género femenino (obviamente, gracias a una presión occidentalistoide donde se involucran poderes políticos, económicos, sociales y sobre todo eclesiásticos), ya que los extremos se muestran en su mayor expresión. Se entiende que el feminismo no es llegar a la igualdad de los derechos, deberes y responsabilidades de todos, sino la castración en si. La mujer machista se puede ver todos los dias, en nuestra familia, en nuestros amigos. Detalles tan pequeños como el pensar que “el varoncito tiene que llevarle a la casa a la novia, y el tiene que manejar su carro” o que “el hombre tiene que pagar las cuentas de la pareja” o que “el hombre propone y la mujer dispone” solamente hace que la mujer permanezca en un estado parasitario y conformista. Lastimosamente este mismo estado parece tener cierto gusto en el género femenino. Creo que cambiando simples cosas como estas se puede llegar a una igualdad real y la eliminacion del machismo. Amen.

  2. 15 octubre 2011 en 8:07 PM

    Mientras se quiera combatir el sexismo, existirá el sexismo. Particularmente creo que el feminismo solo asienta el machismo, la verdad igualdad para mi concepción es buscar algo en común para el ser humano, las particularidades siempre darán derecho a polémicas, Y el problema del feminismo es que cree que se debe particularizar en todo con respecto a los derechos de la mujer. Por que no se empieza hablar mas simple, únicamente de los derechos del ser humano?.

  3. 16 octubre 2011 en 9:33 PM

    El feminismo define al machismo, de eso no tengo dudas. Desvalorar el machismo tiene sus puntos a favor, como cuando se señalan las fallas de todas las cosas, pero a la vez, todos los -ismos reivindican al -ismo que al piso tratan de botar, sobre todo cuando una estructura de poderes macro puede sostener a los dos, en este caso, al machismo y al feminismo.

    Daré un ejemplo histórico de otros dos -ismos sostenidos por una estructura de poder macro, para estar claros. En Europa hubo durante mucho tiempo lo que los historiadores humanistas llamaron el geocentrismo, es decir “la Tierra es el centro del universo” y eso servía a una estructura de poderes contra la que se postuló Galileo Galilei, entre otros y permitió el desarrollo de la ciencia, un aspecto muy positivo. También hubo el panteísmo: “Dios es el centro del universo”. Pero la perspectiva de estos historiadores es tramposa, porque alude solamente a un aspecto macro del poder, pero no al aspecto micro e individual. Por ejemplo, el panteísmo concibió a todos los seres del universo, desde la piedra hasta el pájaro como parte del cuerpo de Dios, es decir, como sagrados, una consideración que ahora el aspecto macro de la estructura de poderes no tiene en consideración. Una cosa es hablar de un universo sagrado y otra de recursos minerales, animales o humanos. En ese sentido, la postulación de Galileo Galilei fue robada por estos historiadores para convertir a la ciencia, una herramienta grandísima, pero herramienta como el martillo, al fin y al cabo, en la nueva palabra sagrada que se incorporaría al humanismo, que equivale a decir: “el hombre es el centro del universo” y ojo, cuando decimos “hombre” no decimos “mujer”.

    Podemos recordar que el humanismo fue escrito por hombres, blancos, europeos y heterosexuales, que todo discurso está dirigido a un público y un discurso de poder señala con claridad a sus beneficiarios: discriminados serían desde entonces las mujeres, las etnias de color de piel más oscura, los habitantes del resto del mundo y, desde luego, los homosexuales, así hayan sido los griegos antiguos parte de la fundación de la civilización de occidente y los llamados “los hombres más inteligentes del mundo”.

    Podemos recordar también que en la Edad Media (nombrada así por quienes se nombraron así mismos “Renacentistas” para construir la Historia a su conveniencia), las mujeres eran parte esencial del trabajo, un trabajo que se realizaba en la casa con todos los miembros de la familia. Fue un invento moderno el de sacar al hombre de la casa a trabajar afuera y dejar a la mujer en la casa, encargada de cuidar a los niños y educarlos en los valores humanistas. Los historiadores de hoy conocen esta cualidad “tramposa” del discurso de la Historia con mayúscula, cuyo beneficio va hacia un paradigma de pensamiento asentado en un espacio geopolítico y la diferencian de la versión renacentista, pues ahora colocan a la Historia no como una rama independiente de las disciplinas de las Ciencias Sociales, sino secundaria de la Literatura y se dedican a investigar y reescribir la Historia que ha sido ocultada por los escritores anteriores a ellos, los vencedores de una estructura de poder predominante. Por ejemplo, han señalado a Jack The Ripper como un personaje histórico clave, lo han acusado de fundar la Modernidad con sus crímenes, pues al asesinar indiscriminadamente y con profundo salvajismo e impunidad a las mujeres trabajadoras de la calle, obligó a la policía, al gobierno y a las autoridades reales a esconder y proteger a la mujer en el hogar. Desde que la Historia es parte la Literatura, se investiga también la influencia de la ficción en la vida de los personajes del pasado y nuestro propio presente: no importa si Jack o Cristo o Superman existieron en carne y hueso, la idea de sus cuerpos guardan la suficiente influencia para trascender la de los nuestros, si no llegamos a convertirnos en “personajes históricos”. Abdón Calderón, dice la Historia del Ecuador, murió en plena batalla sosteniendo la bandera, pero existe un certificado médico de un hospital con nombre y apellido que indica su muerte por causa de indigestión.

    Si el panteísmo nos señalaba a todos como sagrados, como el cuerpo de Dios y, dentro de las estructuras macro de poder hemos perdido esa cualidad espiritual, el humanismo volvió al hombre, y no la mujer, el centro de la espiritualidad, y en consecuencia, del poder. A Jesús Cristo entonces lo convirtieron en la evidencia de que solo en el hombre se manifiesta Dios, el único Dios, el paternalismo extremo. La Razón Sagrada del Renacimiento, desde luego, tuvo sus más fuertes rebeldes en los ateos, quienes intentaron destruir toda espiritualidad con la razón, para destruir todo poder y no se dieron cuenta, en realidad, que la conformación del Monoteísmo y la intolerancia religiosa abrieron un lado ateísta hacia las demás religiones. Las consecuencias fueron letales: los ateos ayudaron a la iglesia monoteísta, muy asentada en la estructura macro de poder, a destruir a todos los demás dioses y limpiarles el campo, para que asienten al único nuevo dios. El ateísmo define tan bien a su contrario, el cristianismo, que ahora es parte de él. Clamaron los ateos el fin de las religiones en el siglo XIX y ahora en pleno siglo XXI, las religiones no solo persisten sino que se han globalizado.

    Si me preguntan a mí, el error de los ateos está en atacar a los dioses en lugar de a las religiones, porque ni siquiera fueron las religiones quienes inventaron los dioses sino los primeros artistas, los primeros creadores de conocimientos, dentro de las necesidades de sus etnias. Los artistas conocedores de la espiritualidad, los magos, los tarotistas, los shamanes, señalan a los dioses, independientemente de si los consideran verdad o ficción, como los mejores amigos de la humanidad.

    El grandísimo error de muchas feministas está en atacar a los hombres o al machismo, en lugar de atacar al centro de poder del machismo moderno, el Estado, sostenedor de la estructura de poderes de nivel macro, cuya influencia viene desde el viejo continente de hace ya más de 500 años. A nivel de estructuras de poder micro, la mujer debe trabajar por dejar de depender del hombre, un acierto, pero sin refugiarse de vuelta bajo el manto paternalista del Estado. Para su independencia de ese manto también ayudaría a construir comunidades independientes, cuyo mercado no dependa de la centralización del sistema económico, porque el Estado daría protección injusta a ciertas empresas frente al mercado con respecto a otras, dando paso al monopolio de empresas educativas, por ejemplo, donde se perpetuaría la construcción de valores discriminatorios a la mujer y el congelamiento de ciertos conocimientos necesarios para la vida humana. En un libre mercado, las mujeres escogerían entre las distintas ofertas de escuelas y colegios y esa oferta devuelve el poder al ciudadano a su intervención diaria, a una votación no obligatoria todos los días, no cada cuatro años a favor de un personaje único y un grupete de intereses detrás de él. Los vegetarianos votan tres veces al día en el mercado de la comida, muchas veces en contra de la industria de comidas, por ejemplo y guardan un peso mundial como voz política y espiritual, siendo su caso más conocido la India y su revolución, desde el empuje de Gandhi, contra el imperio del Estado paternalista inglés, al cual, pese a todos sus ejércitos, lo botó afuera, cuando las izquierdas no podían, desde las acciones en el mercado.

    Un ejemplo actual de la gran falla de la intervención paternalista del Estado sobre los mercados se refiere al monopolio protegido de las farmacéuticas, las cuales se refugian en el copyright, consolidado en el Estado. Mientras la información sobre los productos farmacéuticos sea información cerrada y confidencial, las empresas farmacéuticas no podrán competir para crear un mejor producto a un precio más accesible que la otra empresa y por ello las empresas beneficiadas por este proteccionismo podrán guardar sus descubrimientos a un precio altísimo y no accesible sino a élites millonarias y vender a la gente común pastillas baratas que cronifican la enfermedad. En ese sentido, la ayuda del Estado socialista no contrarresta, con la construcción de hospitales públicos, a esta acción del copyright del Estado de derecha, porque hay medicinas a las que el mismo Estado socialista no tiene acceso y no puede comprar, pues su economía, dejémoslo claro, nunca será tan firme como la de una empresa privada que ofrece los mejores productos y servicios y lucha contra otras por mantenerse viva ante la atención de las personas a quienes sirve, sus consumidores.

    Mi punto de vista, para concluir, es que las mujeres y los hombres debemos buscar nuevas vías para aplicar políticas públicas, a nivel de poder macro y éstas deben ser independientes del Estado, porque el Estado en su paternalismo intenta proteger políticas o productos caducos a beneficio de una élite de beneficiarios y no ayudaría a nuestra libertad conjunta si un día solo las mujeres tuvieran el poder. A nivel de poder micro, en los espacios privados de la familia o la amistad, se deben definir todos los días las acciones en el mercado que benefician a los individuos, no solo a los hombres o solo a las mujeres, porque donde hay un sometimiento, el que manda también es esclavo. Mujeres y hombres habremos de luchar por liberarnos juntos.

    Desde la alquimia antigua se conoce un proceso llamado “Solve et Coagula”. Limpiar y renovar, para construir de nuevo, sin destruir por ello los conocimientos adquiridos sino integrarlos en una nueva creación.

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