El problema de la mujer, siempre ha sido, un problema de hombres
En mayor proporción que en los hombres, se dice que “las mujeres son más intuitivas”. Sin verguenza y con sobra de astucia, me atrevo a determinar que el hombre es, entre algunas cosas, arrebatado y pasional.
Sin caer en el feminismo y cansada de muchos prejuicios y dudas acerca de nosotras debido a limitaciones culturales, recalcaré mi visión de la mujer en la política, para demostrar de alguna manera, que este siglo nos pertenece.
Si bien es cierto que al parecer ganamos atención desde la seducción de ademanes y gestos; en las sugestivas fragancias, tacos y sacos entallados a la figura; en la recurrencia al botox y al colágeno; en el no temor a las faldas y escotes, sobre todo después de salir las primeras veces en la pantalla chica, también nos decidimos a bajar de peso, parecemos ser combativas en lo que callamos y a la vez nos insinuamos en el don de la palabra con las confrontaciones violentas de algunos reporteros audaces e irrespetuosos, irradiando unos rasgos masculinos al momento de generar discursos en algunas expresiones al imponer tal o cual ideología o lo que es aún mejor, cuando imponemos la voz y la postura corporal para volvernos soberbias y altivas.
Por la poca experiencia laboral, me doy cuenta que la mujer en la política ablanda gestos y sonríe cuando habla a su competencia en género, cambia su tono de voz cuando quiere llegar sin escala al corazón de los votantes, mira a su alrededor con un toque de picardía para captar la atención de sus seguidores (y de los que no también), siendo parte de un estilo sofisticado y rígido, que impone respeto.
La memoria, es su fiel aliada para almacenar extensos discursos que son lanzados como bombas ante una sociedad democrática que cree en el poder de las pausas entre palabras y los silencios necesarios para sus anuncios. Nunca olvida hablar de sus adversarios para dejarlos en ridículo y utiliza la velocidad para dar respuestas conceptuales para el castigado oído del electorado.
No temería hablar de su presente sentimental o su fracaso matrimonial, o mejor aún mostrarse como una fiel esposa que supo ganarse su lugar político. Prudentemente, tratar de las intenciones de su esposo para ocupar el cargo de “primer caballero”, siempre cuidando la línea formal y demostrando ser una mujer clásica y conservadora.
Siempre la mujer ha sido portadora en su naturaleza de un sexto sentido, y desde allí puede activar sus instintos según demande la ocasión, sin descuidar su feminidad.
Me identifico con todas esas mujeres “famosas” que ocupan un cargo político importante en algun lugar de un gran país, recalcando que si nuestro camino es hacer democracia, entonces es hora de convertir las dificultades en ventajas y hacer de la disciplina, la clave del éxito.

No creo que las mujeres tengan desventajas al hacer política. Y eso de la seducción, como que ya no es patrimonio femenino.
Creo.
Creo.
Salud!